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MIEDO

MIEDO

Tonado del Libro: Terapia Angelical

Te amamos, querido niño, y te enviamos rayos consoladores al instante en que sentimos que te estremeces ante un posible conflicto. Las señales que emanan tu miedo son como un silbato que invoca tus ángeles para que acudamos a tu lado. Nunca estas solo durante tus horas de temor.

Parece haber algo en tu interior que disfruta del miedo. ¿Te sorprende? No obstante, una parte de ti sabe que esto es cierto. La práctica del miedo en tu sociedad nos deja perplejos, pero debemos tratar este tema en este momento porque es un buen punto de comienzo en nuestro mensaje.

Cuando gritas de miedo, ¿de dónde proviene la profunda emoción que surge? ¿No perece como un bramido de lo más profundo de tu ser? Este grito es un escape de una energía que has llevado por mucho tiempo; es lo que llamarías “catarsis” en tus propios términos. La evocación del miedo en asuntos o temas destinados a la diversión más que le mismo movimiento de sacar a flote un vapor encerrado. El sentimiento agradable que acompaña a algunos después, es esta liberación y descarga del corazón.

Te decimos esto porque deseamos que sepas que tu mundo gira ahora mucho más rápido en su escala evolutiva. Muy pronto, habrá momentos en que podrías sentirte abrumado por la velocidad vertiginosa de los cambios en tu vida. Tus ángeles deseamos asegurarte, sin embargo, que nada se mueve a una velocidad mayor que los latidos del corazón del amor. Tu amor y el amor de Dios están perfectamente sincronizados en un hermoso ritmo, ahora y siempre.

Este ritmo de amor eterno es, de hecho, el ancla que te salvará de temores adicionales durante los tiempos por venir.

Al igual que las palpitaciones del corazón de una madre que calma a su bebé, tu esencia ya contiene el antídoto al miedo. Usa ese momento ahora para tu preparación, ajustando tu mente y tu cuerpo al ritmo en suaves periodos de práctica que puedes usar e invocar durante los periodos futuros.

Entonces, lo que les pedimos es lo siguiente, amados niños: avancen  sin temor, sin desembarazarse de él usando los medios catárticos del entretenimiento. Más bien, usen ese momento para residir pacíficamente en el territorio desconocido de las maravillas que yacen en su interior. No teman ver, escuchar o sentir una esencia que sea incomoda, simplemente sentándose solos con su ser. Permítannos intervenir compartiendo sus miedos con sus ángeles. ¡Entréguennos sus miedos! Estas secciones de práctica son remedios esenciales para los tiempos venideros. Acostúmbrense ahora a lidiar con los pensamientos de temor a través de estas prácticas tempranas, y estas lecciones les servirán mucho en el futuro. Lo que pedimos para ustedes, en nuestra intervención angélica, es que supervisen sus pensamientos con mucho más cuidado de lo que han hecho en el pasado.  Como jardinero siempre listo a arrancar la maleza al momento en que brota, les rogamos que así también atiendan su mente.

Acostúmbrate a purgar tu mente de ideas que broten cuando contemples pensamientos de soledad en esta tierra. Y di: “no estoy solo, ni ahora ni nunca” mientras te visualizas enviando la idea o el temor a nuestras manos extendidas hacia ti. Rehúsa contemplarte como un ser amedrentado, solo y rodeado de miedo. Porque cuando las cosas empiecen a cambiar en tu vida, sabrás que  tu conexión con Dios y con los ángeles es constante e inmóvil.

El miedo puede ser usado de muchas maneras, querido ser. ¡Úsalo con sabiduría y con gracia! Invoca a tus amigos, los ángeles celestiales, y nosotros barreremos todas las imágenes de temor de tu mente. No te quedes con un ápice de horror pensando que deseas soluciones de tu propia imaginación. ¡Entrégalo todo!

Existe una solución al miedo y es esta: invoca las creaciones celestiales de Dios en tu ayuda y asistencia, tan pronto como percibas tu dolor interior. Una buena ama de casa que percibe olor a humo, no se espera a que su casa quede devorada por la llamas antes de llamar a los bomberos. En este punto tal llamada sería inútil. No esperes hasta que estés abrumado por un miedo monumental para invocar el nombre de Dios.

En ese momento y siempre, Él  te enviara ayuda y consuelo a tu lado. Pero aun así, podrías no sentir sus amorosos brazos durante varios minutos, pues pones una barrera entre muchas capaz de miedo y el cielo. Aún más inteligente es aquel  que aprende a supervisar su propio bienestar y no duda en invocar una creación celestial de cualquier forma en busca de ayuda y consuelo.

Aprende bien esta lección, entonces, dulce niño, y recuerda siempre cuidar tu ser interior pidiendo ayuda cada vez que la necesites. De esta manera, el flujo y reflujo de tu miedo no será tan brusco, sino más bien será como una variante ligera que no llegara a erosionar tu paz mental.

 

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